Aristides Biografía
Mi nombre es Aristides Cisneros, pero cuando vine a los Estados Unidos me di cuenta que deletrear: “A as in apple, R, as in river, I, as in igloo, S as in star, T as in Tom …” era un problema tremendo; entonces, por recomendaciones de unos amigos el nombre me lo acorté a “Aris”, mi familia en Nicaragua me llaman “Ari” y en realidad es lo que suena más familiar y cariñoso a mis oídos. Yo salí de Nicaragua empujado por los conflictos de la guerra civil que fue alimentada por los gobiernos extranjeros. En 1984 el gobierno implantó el servicio militar obligatorio (SMP), ¡mi vida se volvió una enorme confusión!, Mis padres se habían sacrificado toda su vida para que cada uno de sus hijos tuviera una educación: “Quiero que sean más de lo que yo pude ser en la vida” decía mi padre. El viejo no llegó más que al primer grado de primaria, pero sabía leer y escribir, yo envidiaba su letra de carta tan bien dibujada que tenía.
Mi madre no terminó el tercer grado de primaria y se podría decir que casi era analfabeta, hasta que ahora ya más madura, después de la muerte de mi padre se vio obligada a escribirme y a cultivar más su escritura. Todos sus siete hijos terminaron la secundaria y la mayoría de nosotros hicimos cursos superiores universitarios.
Estaba como dicen “en la flor de mi juventud” cuando el tal servicio militar me golpeó en lleno. La primera experiencia que tuve por primera ves de lo que significaba la guerra fue a mis 16 años, vivíamos en el barrio Blandón, hoy barrio Costa Rica. Nosotros habíamos visto y vivido la guerra en los periódicos (La prensa, Novedades y otros), el periódico Novedades era la mitad del tamaño de las páginas del de la Prensa, pero siempre estaba cargado de fotos de guerrilleros muertos, las fotos siempre eran grotescas y enormes del tamaño de cada página. Mi papá a veces compraba los dos periódicos y se los leía a mi madre en vos alta en la mañana antes de empezar su faena de trabajo.
Recuerdo que cuando mataron a Carlos Fonseca Amador, la fotografía estaba bien rara, parecía una composición de manera que la cabeza no le pertenecía al cuerpo; mucha gente especuló que posiblemente lo habían decapitado y que la foto era una composición de fotografías. Así de tan lejos me parecía la guerra a mí, hasta que una noche de junio oímos gritos de “¡Patria Libre!” y los mismos gritos respondían -“!o Morir!” Nosotros pensábamos que era alguna protesta…pero ¿tan de madrugada?, Los gritos se hicieron más y más fuertes. No cabía la menor duda de que algo muy importante estaba pasando. El grito del vecino Don Roberto y otros vecinos cuyas voces comenzamos a reconocer, nos urgían a que nos levantáramos: “!Los guerrilleros están aquí levántense!” Don Roberto le gritó a mi papá: “!Efraín, yo te puedo esconder a Aristides, aquí en mi casa, sino los guerrilleros se lo van a llevar!” mi familia convencida de tal situación me dicen que me suba al techo de la casa y que salte al patio del vecino. Así actué, francamente, a mis diez y seis años, era temeroso y respetuoso de mis padres; no vacilé en ningún momento en obedecer sus órdenes. Recuerdo que era refrescante estar en la casa de la que en esos días era mi “amor secreto” la hija de Don Roberto, ella nunca supo cuan enamorado estaba yo de ella… son cosas pasadas, pero que bonito son esos días de adolescencia.
Sucedió que los guerrilleros habían llegado para quedarse y así eventualmente salí del escondite.
Era como lo habíamos visto en los periódicos, los tipos andaban con uniformes camuflados y ametralladoras de diferentes calibres, algunos vecinos se habían convertido en “organizadores”, en el molino de la esquina donde las tortilleras llevaban el maíz sancochado para transformarlo en masa, lo habían convertido en un comando guerrillero, y se habían alojado los guerrilleros barbudos, viejos, eran como extraterrestres, seres humanos raros a los ojos de un chavalo como yo.
La gente inmediatamente obedeció las órdenes de los organizadores y guerrilleros: A levantar los adoquines para hacer barricadas, hacer zanjas enfrente de cada casa para refugiarnos del bombardeo que eventualmente vendría, y así fue; La Radio Corporación y la Cadena Nacional de radio anunciaron: “LOS RESIDENTES DEL BARRIO BLANDÓN, LA REYNAGA, SANTA ROSA… QUE ESTÁN BAJO EL CONTROL DE LOS SANDINO-COMUNISTAS, SE LES AVISA QUE LA GUARDIA NACIONAL ESTÁ DE SU PARTE, Y PUEDEN SALIR DE ESAS ÁREAS SIN NINGÚN MIEDO, LA FUERZA AÉREA NICARAGÜENSE COMENZARÁ A RESPONDER A LOS SANDINO-COMUNISTAS CON TODO EL FUEGO….” A las cinco de la tarde de ese mismo día, ¡olvídate!, nadie se fue. Todo mundo tenía miedo que la guardia los matara o reclutara a sus hijos y por supuesto que tampoco nosotros nos fuimos.
Puntual el avión…con un sonido peculiar de una avioneta liviana rnrnrnrrrnrnrnrnrnrrnrnrnrnrnnnnnnnnnnnn, y de repente un silencio sepulcral que te pone los pelos de punta “!LA MUERTE!”, por que eso es lo que uno piensa en esas circunstancias y después un gran estruendo, igual como cuando cae un rayo BUUUNNNMMMM!!!!!!!!!!!!! Y queda aquel rezumbido en la corteza de la tierra y en los oídos.
Enfrente de la casa vivía el joyero Don German, y por alguna razón el hijo era el único que estaba en la casa en esos días, el tipo era bien grandote pero amable, él nunca supo que de cariño le decíamos el Oso Yogi, cuando estábamos en la zanja y oíamos el avión nrnrnrnnrnrnrnn…siempre nos dábamos las manos y nos despedíamos, nos vemos “brother” y el rnrnrnrnrnrnnrnrnr del avión acercándose como una sombra de muerte, y de repente el silencio sepulcral que dilataba segundos, pero cuando se está esperando la muerte, era una eternidad y después hacé de cuenta que estás oyendo un “cuete” pero con el sonido cien veces más ruidoso y al final !!!BUUUUUNNNMMMM!!! y toda la tierra temblando. Quizá eso hubiera sido todo lo que tendría que recordar, al final de cada bombardeo quedaba la desolación y desesperanza. Mi madre y mi padre eran como fantasmas; no tenían ningún poder sobre mí, en cierta forma me sentí liberado pero nunca quise mi libertad de esta forma. Muy pocas veces había visto ha mis padres en tal desesperanza e impotencia, por que cuando uno está chavalo uno cree que los padres lo pueden salvar de la muerte misma. Mis hermanas y mi hermano mayor ya comprendían estas cosas mejor que yo, poco a poco me vine dando cuenta de esta realidad aunque sin embargo no estaba resignado a morir.
No se cuantos días pasaron, cuando unos vecinos nos dijeron que la gente se estaba refugiando en la Iglesia Santa Faz y que la guardia no iba a tocar ese lugar. Mis viejos convencidos nos hacen que alistemos unos dos “peleros” y así comenzamos la excursión en grupo, otros vecinos nos decían que nos quedáramos pero al final nos fuimos.
La Iglesia Santa Faz
La Iglesia Santa Faz estaba a cuatro cuadras y media de la casa, el Padre era un sacerdote español barba negra con cara piadosa, era lo que uno esperaba ver en un sacerdote; bien calmo el tipo y cuando hablaba con uno, parecía escudriñarte con la vista. Cuando llegamos ya había un montón de gente en la iglesia, en medio del patio había una enorme bandera de la Cruz Roja, Nosotros nos dividimos en dos grupos no recuerdo la razón, mi madre y tres de mis hermanas mayores se fueron al lado izquierdo y mi papá, mis dos hermanas menores y yo nos fuimos a la parte central de las instalaciones de la iglesia, temprano en la mañana mis hermanas y yo estuvimos jugando a las escondidas con unos niños pero cuando vino la tarde comenzó el pánico “en vivo y a todo color” se oían los tanques de la guardia desde la carretera norte ¡BangGanng!, ¡no jódas!, un tanquetazo de esos es capaz de hacer temblar las patas a cualquiera.
Después alguien tenía el radio encendido: “LA GUARDIA NACIONAL COMENZARÁ UNA CAMPAÑA DE COTRAATAQUE …” ¡Ni me digas!, no había terminado el radio cuando ya oíamos el avión acercandose, el tal “Push and Pull” el avión de dos colas. Por que habían dos aviones que yo recuerde: Uno era el “Baboso” un avión grande que parecía de pasajeros y se movía despacio y volaba a larga distancia y el otro era el de dos colas que tiraba los roquetazos. El asunto es que a esa hora brother, todo mundo se tiró al suelo yo estaba boca-arriba, estábamos tan apretados que casi estábamos uno sobre otro, la viejita que estaba acostada con su viejito y que casi teníamos las cabezas de almohada, comenzó a rezar un Padre Nuestro, en ese momento se me vino a la mente inexplicablemente algo a la memoria: Iba una vez caminando por la calle y veo un grupo de evangélicos en una esquina, era una de esas campañas evangélicas, y una anciana se subió al estrado con mucha dificultad y ayuda, y comenzó a decir de memoria el Salmo 91. Yo nunca había leído el tal Salmo pero en ese momento podía oírlo claramente como la noche que lo escuché de los labios de aquella anciana:
“El que habita al abrigo del Altísimo
Morará bajo la sombra del Omnipotente.
2 Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío;
Mi Dios, en quien confiaré.
3 El te librará del lazo del cazador,
De la peste destructora.
4 Con sus plumas te cubrirá,
Y debajo de sus alas estarás seguro;
Escudo y adarga es su verdad.
5 No temerás el terror nocturno,
Ni saeta que vuele de día,
6 Ni pestilencia que ande en oscuridad,
Ni mortandad que en medio del día destruya.
7 Caerán a tu lado mil,
Y diez mil a tu diestra;
Mas a ti no llegará…
Y cuando termina el …“Más a ti no llegará” en mí memoria, lo más pavoroso y temible sucedió: ¡Un estruendo que rompe a través del techo!, y en cuestión de un segundo estoy sentado en un lago de sangre y un montón de pedazos de seres humanos, la escena era dantesca, el olor a sangre quemada, el humo, lo gritos ahogados en la confusión, todo moviéndose en cámara lenta, todos los sentidos están tan perplejos que ciertamente la realidad y el sueño se juntan en uno solo y no se sabe si estás despierto o estás soñando. El grito de uno de los niños: ¡Salvá a la Karlita!, ¡Por favor salvá a la Karlita!”, la verdad, aquel cuerpecito inerte no tenía vida. Cinco preciosos niños murieron, todos de la misma familia de un solo roquetazo; Los niños Arbizú y los viejitos también murieron después de una tremenda agonía. Los enterraron a todos en el patio de la Santa Faz. Ahí permanecen sus cuerpos aún, las pocas veces que he regresado a visitar a mi familia a Nicaragua, también visito a la tumba de los niños. Visito las memorias y el sentimiento de culpabilidad de haber sobrevivido, claro está.
No me considero un fanático en asuntos de religión pero para aquellos que quieran saber como termina el Salmo 91 aquí está:
8 Ciertamente con tus ojos mirarás
Y verás la recompensa de los impíos.
9 Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza,
Al Altísimo por tu habitación,
10 No te sobrevendrá mal,
Ni plaga tocará tu morada.
11 Pues a sus ángeles mandará acerca de ti,
Que te guarden en todos tus caminos.
12 En las manos te llevarán,
Para que tu pie no tropiece en piedra.
13 Sobre el león y el áspid pisarás;
Hollarás al cachorro del león y al dragón.
14 Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré;
Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.
15 Me invocará, y yo le responderé;
Con él estaré yo en la angustia;
Lo libraré y le glorificaré.
16 Lo saciaré de larga vida,
Y le mostraré mi salvación.
Para mí las creencias religiosas son muy personales y muy privadas.
De Regreso a la Casa…
Los vecinos nos ven llegar de regreso con “el moco caído” a mi papá le había cortado un charnel la mitad del dedo pulgar y tenía otros hoyos en la cara muy pequeños, yo que en aquel momento de la explosión me creía muerto tenía dos heridas pequeñas, una el brazo y otra en la pierna, pero por dentro el corazón destrozado. Mis hermanas estaban bien físicamente pero todos estábamos traumatizados del terror que habíamos dejado atrás en la iglesia.
Pasaron varias semanas, seguíamos esperando que pasara algo ya sea que dejaran de bombardear o que de alguna forma se acabara esa tortura diaria, ya más adelante nos acostumbramos a correr a las zanjas cuando oíamos el avión, algunos tenían las zanjas bien acondicionadas con colchones, lámparas y todo. Cada dos familias compartía una zanja.
El Éxodo…
Los guerrilleros anuncian que se van a retirar y ahí comenzó el dilema para muchos, por que decían que si los jóvenes no nos íbamos con ellos la guardia nos iba a matar en la “Operación Limpieza”, ((LAS
OPERACIONES DE LIMPIEZA
* Roberto Sánchez Ramírez, redactor de LA PRENSA que cubría las fuentes militares en los setenta, recuerda que "El Chigüín" funda la EEBI para preparar a sus tropas élites. Los criterios para ingresar eran rigurosos: buena condición física, fortaleza de carácter, con el mejor entrenamiento y la mejor alimentación.
* "Ellos salían a las calles cuando había necesidad de matar", puntualiza Sánchez.
* De su seno surgió Pablo Emilio Salazar, conocido como "Comandante Bravo", quien dirigió las tropas de la EEBI que combatieron contra los guerrilleros en el Frente Sur. Años después, a inicios de la década de los ochenta, fue muerto por un comando sandinista en Honduras, con la ayuda de su amante.
* La EEBI se encargaba de las "operaciones limpieza" de los territorios urbanos de donde se retiraba el FSLN. La EEBI –tal como describieron los organismos de derechos humanos-- pasaba de casa en casa y mataban o hacían desaparecer a quienes presentaran cholladuras en los pantalones, codos o rodillas. De éstas se encargaba Franklin Montenegro, alias "Sagitario", quien también posteriormente fue muerto por los sandinistas.
* No existe un dato oficial sobre la cantidad de jóvenes que murieron y/o desaparecieron producto de las operaciones de limpieza. Se dice que en la guerra contra la dictadura murieron alrededor de 50,000 nicaragüenses).
En la Operación Limpieza la guardia se iba casa por casa para llevarse a los jóvenes y revisarles los codos, las rodillas y las manos para ver quiénes habían estado haciendo barricadas, y en ese tiempo hermano, quién no tenía algún cholloncito por algún lado.
Mi papá antes de casarse con mi mamá vivió con una mujer que le tuvo cuatro hijos que prácticamente siempre los consideramos como los hermanos mayores. Nosotros los conocíamos y visitábamos, mi madre nunca se opuso, pero obviamente ella nunca fue a visitarlos bajo ninguna circunstancia. Ellos vivían en el Barrio Monseñor Lezcano con su madre Doña Estebana, y mi papá nos dice que tenemos que arriesgarnos y salir del barrio antes de la Operación Limpieza, más que nada por salvarle el pellejo a mi hermano y a mí. Así que comenzamos el éxodo hacia el Barrio Monseñor Lezacano y para pedirle a la madre de los otros medios hermanos que nos dejaran refugiarnos en el patio de su casa. Cuando salimos con los motetes no hubo ningún problema, eran nubes de gente en la misma situación, los guardias se veían desmoralizados y dejaban pasar a la gente como si nada; por todo el camino habían muertos, algunos quemados probablemente por que ya tenían días de haber muerto, estaban inflamados y les habían tirado gasolina. Todo el camino fue una odisea, cada reten de la guardia era diferente, al pasar cerca del bunker de Somoza, de plano que hasta la quijada me temblaba sin control, como estaba tan desnutrido y no era muy alto, siempre me hacia pasar como si era menor que la edad que tenía.
Cuando llegamos a Monseñor Lezacano, la gente nos miraba como animales raros, no podían creer que realmente esos barrios estaban bajo el control de los guerrilleros. A veces con indiferencia decían: “Aquí todo está tranquilo” con aquel acento perezoso que tienen algunos nicaragüenses. “Doña Estebana” nos dejó construir un mamarracho de tablas viejas como de 10’ X 10’, mi madre cocinaba con cuatro piedras en el suelo, y guardaba las pocas provisiones que conseguíamos. Había mucha desesperación por todas partes, enfrente de la casa de Doña Estabana quedaba El Seminario, y mucha gente se había ido a refugiar ahí, mi mamá había preferido que nos refugiáramos ahí primeramente, pero cuando vimos los Jeeps de los guardias que llegaban a sacar a lo hombres a media noche, mi mamá se puso nerviosa y ni modo a “a morir onde la Estabana pué” así que es como terminamos ahí.
Un viaje infructuoso…
Doña Estebana le dice a mi mamá que estaban ayudando a sacar a los chavalos de Nicaragua hacia Costa Rica y que no necesitábamos papeles, mi hermano mayor tenía pasaporte, yo no tenía ni papas. Un microbús de la Cruz Roja estaba saliendo del seminario al aeropuerto, yo no se como terminamos en el tal microbús, mi mamá estaba convencida que los que doña Estebana, quería que le acompañarán a su hijo Coronado, claro que ella llegó a ésta conclusión por lo que nos sucedió en el camino; el viaje fue otra “trozadera de rieles” que no te imaginas por que los guardias andaban como hormigas bravas, uno no podía quedarlos viendo ni de reojo por que si te veían que los quedabas viendo … ¡ayayay papito!, hasta ahí llegasteis.
En la travesía el microbús dio más vueltas que un perro, por todos lados, para evitar los retenes de la guardia, ya que además la carretera principal, la Carretera Norte que va al aeropuerto estaba totalmente bloqueada, entonces el microbús tubo que irse por el “ByePass” agarrar la carretera que va para Masaya y hacer unos vueltotes por los pueblitos, pero en eso se aparece un “Becat” (Brigadas Especiales Contra Actos Terroristas), en frente del microbús. Los Becats eran los vehículos tipo Jeeps de la guardia que no tenían puertas; se sientan dos guardias atrás y dos adelante; tipo comando. “!A bajo todo mundo!” gritó uno de los guardias que andaba de pantalones militares y una camisa civil blanca, tenía una cara de piedra y una mirada vidriosa “!¿Paraonde jodido van todos ustedes?!” le ladró el guardia al chofer – “Esta gente va para el aeropuerto” le respondió el chofer bien calmado, “!bueno pues, bajándose con su pasaporte!” ladró otra vez el guardia, parado en el primer escalón del bus y mirando rápidamente al fondo del bus mientras que otros dos comenzaron a caminar alrededor del microbús asomándose por las ventanas,. Mi hermano y mi madre me vuelven a ver al mismo tiempo, en ese momento no hay palabras sólo entendimiento, a esa hora comienzo a bajar todos los santos, las canillas me comienzan a temblar, yo no sé si le pasara a todo el mundo, pero cuando estas con pánico incontrolable lo que se mueve realmente es el pellejo de la rodilla para arriba y hacia abajo. Comencé a acercarme a la salida, detrás de un montón de gente mi hermano adelante y mi madre atrás de mí, y como es la vida…el guardia en frente de mí comienza a separar a los que tenían y a los que no tenían pasaporte. Ya había a un grupito de gente a un lado y cuando guardia se distrae, mi mamá me empuja para que me baje y me fuera al grupo que ya había sido revisado en un abrir y cerrar de ojos. “! Ustedes se quedan aquí!” le dice el guardia a un grupo de tres que nos quedaron viendo con una angustia que nunca voy a poder olvidar, En eso una señora se vuela de bus, ¡no! ¡a mi hijo no! Era un grito desgarrador… de ahí no me acuerdo de nada más, vagamente recuerdo que llegamos al aeropuerto y Coronado fue el único que se fue a Costa Rica, “llevaba un puño de dólares escondido” dice mi mamá, por más que he tratado de recordar que pasó, nada, mi mamá me dijo que lo que pasó es que ella le suplicó a unos extranjeros que me dieran un raid a Monseñor Lezcano, ¿Cómo llegué? No tengo la menor idea, cuando llegué de regreso don la doña Estebana era media noche y todo mundo preocupado que hubiera matado la guardia.
Mi hermana Rosa apenas estaba en sus dieciocho y antes de que comenzara la guerra en la ciudad, ella ya se había ido con un su novio, se había casado sin permiso de mis padres, ¡Que audacia!, Conociendo lo temible y peligroso que podía ser mi padre. El viejo era capaz de asustarle los frijoles a cualquier enamorado. Una ves que le llegó hacer la visita el novio a la Rosa, El viejo no dijo nada, pero se fue a esperarlo a la esquina con un machete bien afilado para amenazarlo que le iba a “cortar la gallina”. Mi mamá le decía “Efraín deja a las muchachas en paz, ¿qué es lo queré, que se anden viendo en la calle como si fueran putas?” el viejo vociferaba alguna cosa incomprensible y ahí moría el asunto.
Cuando estábamos todavía donde la doña Estebana se aparece la Rosa con el marido, la situación no ameritaba andar celando a nadie, era cuestión de sobrevivir por eso el viejo se había suavizado y bueno al final le aceptó al hombre. El Róger tenía unos familiares en un pueblito al norte de Managua, le propuso a mis padres que me mandaran para allá hasta que la situación en Managua se compusiera. Mis viejos aceptaron y a todo mundo les pareció una buena idea.
La Vida del Campo
Llegamos al pueblito de Tecolostote que queda en el departamento de Boaco y que según dicen significa “cueva de las lechuzas”, sin ninguna novedad pasamos por los retenes de la guardia, yo me había acostumbrado a que me vieran como un chavalo flaco de mala muerte. Conmigo vinieron los cuñados de la Rosa, y otros primos de ellos, en total éramos cinco chavalos aproximadamente de la misma edad. ¡Que belleza!, llagamos a esa casa que quedaba sólo a cien metros del puente principal del pueblito, las montañas verdes al otro lado de la carretera, el aire fresco con olor a monte mojado. Las casitas del pueblito alineadas en la carretera decoraban pintorescamente el paisaje, el sonido de los pájaros y los monos Congos se oían a la distancia y hacían tremendos ruidos - ¿Y ese ruido que es? Le pregunto al señor de la casa, y él me responde en forma casual –“Ah esos son los monos Congos” Congos o no, emitían unos sonidos que me paraban los pelos de punta. A veces en Managua la gente tiene monos como mascotas, éstos se escapan de las casas en la noche o será que los sueltan, yo creo que la gente hace esto para que vayan a asustar a la gente a media noche por puras ganas de joder yo creo. A veces estas bien dormido acostado, y como los techos son de zinc, hasta una un gato hace bulla, pero cuando estás bien dormido y oís: ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán!, primero acercándose, después pasando por el techo de tu casa y después alejándose, ¡puta! Te digo que de plano te da un miedo aterrador a media noche, el techo de zinc se hunde y el ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! es aterrador especialmente si ya esta dormido, por eso es que creo que la gente lo hace a propósito.
Los señores de la casa eran dos personas fantásticas. Tenían una casa muy humilde, piso de barro, paredes de abobe, eran los dueños de la única panadería; empleaban a dos trabajadoras, eran dos inditas muy simpáticas, ellas cuando nos miraron, se pusieron contentas por que les íbamos a ayudar hacer el pan.
La gente del campo se levanta a las cuatro de la mañana, a trabajar la masa, ésta se prepara el día anterior, se pone a través de los rodos, ¡Que rico el olor a pan! El orno se comienza a preparar al mismo tiempo. Nos despertaban a las cuatro de la mañana con aquel olor a café mmmm, y con pan dulce del día anterior, cada quien ya tenía su trabajo asignado. La verdad que mi memoria divaga en los detalles de aquel quehacer. Como pandero me hubiera muerto de hambre, lo que sí recuerdo con claridad era la compasión de aquellos desconocidos, algunas picarescas e inocentes aventuras, el hermoso paisaje y la sencillez de la gente del campo.
Uno de los cuñados de la Rosa que le habíamos apodado “el loco” le rebautizamos con “Mono Congo”, el mono agarra una bicicleta vieja sin neumáticos que tenían en la casa y el jodido se va a una loma cerca de la casa y nos pega un grito con una gran sonrisa de oreja a oreja, el loco era bien jovial, yo francamente admiraba su aptitud de “yo que pierdo” que tenía de la vida: “¡Jey, aquí viene cañón, weeeeeeeeeeeeeeee…!” y lo vemos al bruto venirse de bajada y de repente se descachinba de la bicicleta y era como ver muñeco de trapo rodando aparatosamente cuesta abajo, ¡bun-bum!, ¡bun-bum!... “¡A la granpuuuta… ahora si la cagamos!”, nos dijimos nosotros, este hijuepueta ya se mató!, pero tenés que tener presente que el loco era loco, si uno conoce gente como el loco, la vida se vuelve divertida, incluso en casos de vida o muerte. Este brother era uno de esos cheles amarillos, cabezón, y con una guayaba enorme, el pelo rubio y parado como un genio loco, este jodido tenía lo loco y lo genio, hacía reír a cualquiera. No se mató, pero se pegó una chollada, que parecía una gallina si plumas, se levantó del suelo como si nada, pero ensangrentado por todos lados. “!Esta bicicleta hijueputa no sirve!” nos dice el loco, como quien hace un comentario despreocupado y nosotros pasmados que no sabíamos si reír o llorar, se le viene a uno a la mente que el país está en guerra y al bruto se le ocurre hacer semejante payasada. Todos estábamos preocupados por las heridas, pues el futuro era incierto para nosotros; yo me acuerdo que estábamos preocupados por que nadie sabia si la guardia se iba aparecer de repente y podía pensar que éramos guerrilleros. No se sabía que iba a pasar con el país o sea en que manos iba a quedar. Nadie, pero absolutamente nadie se puede imaginar que un régimen que ha existido por cuarenta y pico de años pudiera dejar de existir.
No teníamos ninguna comunicación con nuestras familias, hasta que un día, después de varias se aparece la Rosa con su marido. Llegaron a traerme, los otros se quedaron, el loco tenía que quedarse para que se le curaran la heridas, dos se enamoraron de las trabajadoras y el otro se enamoró del campo y rehusó a regresar a la ciudad; siento quizá que fui un cobarde pues hubiera deseado quedarme también. Sin embargo, mi madre estaba preocupada por que no me había visto.
El Triunfo de los Sandinistas
Cuando regresé a la casa, al barrio Blandón, los guerrilleros se habían retirado a la Ciudad de Masaya, a esto le llamaron “El Repliegue”. Aquella casa estaba desolada, lóbrega, mis padres aún parecían fantasmas, cuando me hablaban realmente no me miraban a los ojos, sus voces parecían venir desde el fondo de un barril, la armadura se les había desaparecido. A pesar que ya casi tenía diecisiete años les guardaba mucho respeto. Mi padre era un hombre fornido, rudo, mal encarado, vulgar; fuerte, era como un oso enorme, el hombre era inteligente, creativo, orgulloso... Yo sin embargo admiraba al viejo por su vida, al hombre lo abandonó su madre en un barril de basura por “cagón”, esa fue la única explicación que me dio y para una mujer miserable que no tenía como alimentarlo ni curarlo me supongo que fue más fácil darlo por muerto que verlo morir. Estas historias me las contaba el viejo cuando andaba en guerra, nunca se quejó de su madre a pasar que ya más grande regresó con ella, el viejo me contó que había trabajado en las minas de carbón cuando tenía trece años “Yo me quería hacerme hombre, rápido” y la verdad es que en circunstancias difíciles de la vida uno se hace “hombre” “rápidamente “quería ayudarle a mi madre”. Mi madre sin embargo era una mujer intensa e interesante, cariñosa pero también muy capaz de arrecharse, y cuando se arrechava esa señora ¡hay Diosmiyito mi lindo!, nos pegaba unas penquiadas que para qué te cuento hermano. Ella era la mano derecha del viejo, y ya te imaginás; sino era el uno era el otro, entre “el Dictador y la Guardia” estás frito papá.
Las cosas en el barrio estaban más calmas, la comida escasa escuchábamos la radio todos los días, oíamos la Radio Sandino que era la radio clandestina de los guerrilleros (http://www.clandestineradio.com/sounds/index.html#nicaragua). El 17 de julio de 1979, oímos que Somoza había abandonado el país, la alegría era inmensa e incontrolable, imposible de olvidar, fue una brisa de esperanza en medio de tanta miseria y desesperación… los niños, los muertos, las bombas, las zanjas, el hambre, los viejos, las imágenes de terror, el dolor de estar vivo se nos alivió por un momento, la electricidad había regresado y la televisión estaba encendida y todos pegados al televisor, y oímos que “Urcuyo Maleaños era el próximo residente de Nicaragua” , ya te imaginas, todo mundo se pone a reír, pero a carcajadas. (Aquí podes encontrar algunos pasajes históricos de Urcuyo: http://www.manfut.org/cronologia/urcuyo.html ) Más tarde a este día los Sandinistas le llamaron el Día de al Alegría Nacional.
El 19 de julio.
El 19 de julio como te podés imaginar fue un acontecimiento histórico no sólo para los nicaragüenses pero para el mundo entero. La sonrisa en las caras de la gente, la incredulidad y la euforia nos transportaba fuera de este planeta. Por la mente se me presentaban las imágenes de los niños masacrados, lo muertos quemados en la calles, la pólvora y el olor a muerte.
El vecino, don Roberto, viene a mi casa y nos pregunta que si queremos salir a ver que estaba pasando en las calles, él tenía un su carrito Toyota, ¡bueno!, nos metemos al carro y salimos con las cabezas guindadas afuera del carro y gritando ¡Somos libres!, ¡Somos libres!, la gente se desbordaba con las pailas y los cucharones a hacer bulla, agitando los brazos en símbolo de triunfo, las caravanas de gente caminando, gritando festejando, cantando, bailando.
Llagamos al fin cerca del bunker de Somoza y las residencias aledañas que eran de los altos jefes militares de Somoza. Todo el lugar lo estaba saqueado por la multitud, Don Roberto detiene el vehículo y nos dice que nos fuéramos a asomar. Nos vamos dos de mis hermanas, su hija, don Roberto y yo. Entré a una de las casas, la gente entraba y salía cargados de muebles y, ¿qué se yo?, recuerdo haber visto en el piso una gran cantidad de dinero extranjero que no me atreví a recoger, y que más tarde cuando le platiqué de esto a mi hermano Santiago, el jodido se burló de mí, era su chiste favorito. “Ya me lo imagino al mono, parado en un cerro de dólares y con la jeta abierta” ¡JA, JA, JA, JA,,JA, JAA! Y se tiraba unas carcajadas de guasón y así todo el resto de la gente se ponía a burlarse de mí, por el jodido.
En ese momento me quedé pasmado, me parecía un sueño, a pesar de nuestra pobreza, nuestros padres nunca nos enseñaron a tomar lo ajeno. En el momento que estoy divagando en qué hacer, miro al don Roberto Sacando una refrigeradora de la casa ¡Ala Puta!, ¡no lo podía creer!, me mira que estoy parado y me grita: “¡Qué estás esperando! ¡hacéte de algo que esto es del pueblo!”, A mis diez y seis años era muy tímido, pero para demostrar mi audacia me voy a un librero que estaba en la pared y agarro toda una colección de enciclopedias y un atlas, si algo iba a llevarme de aquel lugar era algo que me pudiera servir en mis estudios. Regresamos a la casa, el don Roberto con la refrigeradora encima del carro que pesaba tanto que la tolda se le chopeó para dentro “La cagué, ya me salió más caro el caldo que los huevos” dice don Roberto cuando mira el carro todo chopeado hundiéndose para dentro. Llegamos a salvo a la casa y le contamos de todas las aventuras a la gente del barrio.
Mis hermanas, mi hermano y yo nos fuimos a la plaza donde los guerrilleros estaban llamando al pueblo a congregarse, esta plaza está frente de la antigua Catedral de Managua, más tarde la nombraron la Plaza de la Revolución.
Los guerrilleros estaban entrando por todos lados en camiones, camionetas y vehículos de toda clase disparando al aire, era toda una quimera hecha realidad. Mi hermano y yo nos subimos a una de las torres más altas de la catedral y a lo lejos cerca de lago de Managua, divisamos un grupo de gente, “¿Y esa gente que lo que estarán buscando?” se pregunto mi hermano, “A saber, vamos asomarnos” le digo yo a mi hermano. Cuando estábamos acerca de aquel lugar que estaba detrás del Teatro Rubén Darío, comenzamos a sentir un tufo horrible, la gente que salía del monte, salían asustados y tapándose la nariz, llorando, una señora sale desmayada, ¡Ay Dios mío que está pasando!, Cuando finalmente llegamos vemos un cerro de cadáveres apilados, otros en completo estado de descomposición. Aquellos que vivimos los años de Somoza sabíamos que detrás del Rubén Darío era un lugar prohibido de visitar, entonces en ese momento me doy cuanta por qué. Ese espectáculo espeluznante, me dejó una huella imborrable en la memoria. Parece que cuando el cuerpo esta expuesto al sol por mucho tiempo, éste se seca y quedan solo los huesos y la piel como una momia. Detrás del Rubén Darío era uno de los lugares favoritos donde la guardia desaparecía a la gente. Ahí podías ver los cuerpos de hombres y mujeres con obvios signos de violación y tortura...
La euforia del 19 de Julio vino a como llegó, lentamente las cosas comenzaron a volver a una nueva normalidad, la retórica de los políticos nuevos era tan eufórica que hizo a unos escépticos, a otros más radicales y a muchos completamente en contra del nuevo gobierno.
La Alfabetización
¡Puño en alto, Libro abierto!
Lo que llamaron la Campaña Nacional de Alfabetización, comenzó inmediatamente después del triunfo Sandinista. La lógica de esto fue supuestamente, porque Cuba había llevado a cabo su campaña de alfabetización años después de su triunfo y lo que pasó fue que muchos alfabetizadotes fueron asesinados por los grupos armados en contra del gobierno cubano. Los Sandinistas, no perdieron tiempo, al año siguiente comenzó la Campaña de Alfabetización.
Estaba casi en el último año de Secundaria, me consideraba una persona muy seria y responsable, quizá por ese motivo me asignaron para que reclutara y entrenara a un grupo de estudiantes. (Les pido perdón a todos los que torturé con aquellos ejercicios). Este es un sitio oficial de la Cruzada de Alfabetización: http://www.sandinovive.org/cna/
A mi parecer este evento marcó nuestras vidas en muchas formas, positiva y negativamente. Este fue un punto de crecimiento y madurez, ya que teníamos que vivir con los campesinos. Ahí andábamos un pijazo de adolescentes de la ciudad, no voy a decir que éramos unos santos, pero entre los aspectos positivos de ese evento yo diría que el hecho de saber como se ganan los frijoles en el campo, ¡te cambia la vida compadre!. Además, la humildad de la gente del campo, y las gloriosas montañas del norte de Nicaragua son experiencias inigualables. Cuando vas por esos caminitos y te encontrás con un campesino que te saluda con respeto y reverencia, no sabés lo humide que te hace sentir, Especialmente cuando estás chavalo vos romanizas tu país. Yo crecí adorando la música tradicional nicaragüense, mi papá se levantaba a las cuatro de la mañana a trabajar y ponía a todo volumen la radio corporación, nos despertaba con “…y entre la sombras del cafetal, viene Pancho Madrigal”, todos esos cuentos los recordás, te invade la nostalgia… Puta decís vos, parece mentira…
No sé si será todo mundo, pero la gente que vive en las meras montañas tiene la actitud humilde, vos llegas bien cansado y sudado de caminar, y lo primero que te ofrecen es un café caliente, por que de plano es todo lo que tienen. Yo diría a ciencia cierta que las vivencias de la alfabetización formaron gran parte de mi carácter.
Para llegar a ser responsable de columna (aproximadamente 80 estudiantes) uno tenía que reclutar a los estudiantes de otras escuelas. Yo estudiaba en el Instituto Loyola, la mayoría de los que estudiaban ahí provenían de familias pudientes, sin embargo, la escuela tenía una política de otorgar becas a las familias de escasos recursos. Nosotros vivíamos “coyol quebrado coyol comido”, mis padres eran innovadores, siempre estaban rebuscando como ganarse los frijolitos. Mi padre había construido un torno rústico y con el susodicho torno, el viejo hacia bates de béisbol, trompos y hasta sillas.
Mi madre y el resto de nosotros hacíamos la manoplas de casi cuero, además, gorras de béisbol y sombreros. En el barrio nos encajaron los gorreros, porque la gente tiene la maña de ponerte el apodo por lo que haces: si haces tortilla, sos tortillero si vendes en el mercado sos mercadero, y así es la honda.
Yo cursé mi primer año de primaria en la escuela Salvadorita que quedaba en el barrio La Reynaga, sin embargo mis padres tenían el empeño de que estudiara en el Loyola por que decían que era una escuela prestigiosa y supuestamente se recibía una buena educación (además de las vergueadas que te daba el Director, el Padre Iriarte Garmendia).
Llego con mi papá y mi mamá al Loyola muy de mañana un día que estaban ma aquellos que pasaran una prueba de lectura. Yo ya sabía leer, mi viejo se dio a la tarea de enseñarme a leer desde que tenía como cuatro años a “punta de pijazos”- “b-u bu err orro, caballo” y ¡clack! venía el coscorronazo seco, “No jodido burro, el caballo sos vos”…puta las que le aguanté al viejo. El asunto es que cuando me ponen a leer, agarré esos libritos como agua, de manera que el subdirector del Loyola, que en ese entonces era un calvo, se quedó sorprendido e inmediatamente me bautizó como “el cabezón” y así fue como me aceptaron en el Loyola en el primer grado.
La vida de estudiante en el Loyola también fue una experiencia interesante, tenés que ponerle mente: “los chavalos hijos de mercaderos codeándose con la clase media alta de la sociedad nicaragüense”. En ese entonces, el Loyola contaba entre las escuelas de los “pocos escogidos”, y eso te lo recordaban todos los días que ibas a clase, con la amenaza que te iban a expulsar. Yo y los que éramos de extracción pobre, teníamos la ventaja de nuestra pobreza, para nosotros era un orgullo y para ser justo con los demás compañeros debo dejar claro que en el salón de clases, con la excepción de los pantalones de corduroy y la ropa extranjera que no te podes poner…todos éramos iguales. El Loyola hasta en 1972 era escuela sólo de varones, después del terremoto el padre Iriarte aflojó un poco las riendas y así dejó entrar a las chavalas…
http://www.loyola.edu.ni/historia.html)\
“La torta y la Pepsi”
El Padre Iriarte era un sacerdote jesuita, calvo de seis pies, de origen español, chele, ojos azules, nariz aguileña. Se tenía un carácter ese roco, en esos días se permitía el castigo físico en las escuelas. Así que si el Padre Iriarte, se despertaba en el lado izquierdo de la cama brother, mejor ni respirés fuerte cerca del viejo. Este viejo nos pegaba unas turquiadas, “pero ayudáme a decir turquiadas”. Te agarraba de cacheteadas y patadas en frente de tus propios padres, ¡en frente de quien fuera! El viejo le decía “la Torta y la Pepsi”.
Supuestamente me tenía aprecio por que era “el cabezón” que declamaba poesías en las veladas, sin embargo, agarré mi torta con mi Pepsi varias veces, a veces por puro gusto nos vergiaba el viejo. Los domingos teníamos que ir a Misa vestidos de blanco (pantalón y camisa), y si estabas negrito parecías que te había cagado un zopilote. Una vez que estamos en misa, estoy sentado con uno de mis brotheres, el Róger Cáseres, y al maje del Róger le gustaba volar lengua al maje. El Padre Iriarte se está tirando su sermón y nos mira al Cásesres y a mí volando legua. El roco se espera hasta que comienza el “tu reinarás.. éste es el cristo amor por siempre…” y lo vemos bajadándose del púlpito haciendose paso entre la gente…!y es como que estés esperando la pena de muerte!, en un minuto el roco está parado a la par de nosotros; agarra al cabezón del Aristides y al Róger, cabeza con cabeza como “traca-tarca” ban, ban, ban tres veces, y se regresa cantando ..”Éste es el Cristo amor por siempre reinará…” No fue tanto el encontronazo, pero lo que te duele más es la vergüenza pública, en eso se especializaba el tal viejo Padre Iriarte.
Cuando comenzó la Cruzada de Alfabetización, me di a la tarea de visitar las escuelas, incluso hasta escuelas de primaria ya por último. Del Loyola salió su grupito de más de 100 yo creo. Yo había reclutado a por lo menos 120 estudiantes de otras escuelas, así que con ese aval los organizadores de la cruzada me dieron mi lugar.
Llegamos a Telpaneca, un pueblito cerca de Somoto, yo había oído de Telpaneca por las canciones de Mejía Godoy, pero nada más. Pero la gente las casas de adobe, la humildad del pueblo. Nos estaban esperando, todo el pueblo de Telpaneca estaba esperando a los alfabetizadotes, uno de los asesores era un mejicano. Inmediatamente asignaron a los brigadistas con sus respectivas familias campesinas, había unas madres que habían ido con el contingente para asegurarse exactamente a dónde iban a vivir sus hijos, las que se quedaron durmiendo el la iglesia de Telpaneca esa noche para regresar a Managua al día siguiente. Yo y es resto que nos asignaron la tarea de “responsables de columna” (Leonel Marenco, “el mono Marenco”, Bill Leon Duerte “El chino Duarte”, Ronald “condorito” y Marlón Ruiz “la flaca” nos quedamos en el pueblo en un “puestito de mando” a esperar las instrucciones del mejicano y Róger Solís que era el responsable de Telpaneca.
III. ORGANIZACIÓN TERRITORIAL DEL MUNICIPIO
El municipio de TELPANECA anteriormente estaba estructurado en seis micro regiones; pero por las características propias del municipio en el aspecto topográfico, el Consejo Municipal tomó la decisión de reagrupar las comunidades (37) en nueve micro regiones, las que quedaron conformadas de la siguiente manera:
MICRO REGION No. 1
· Cerro Grande de Amucayán
· San José de Amucayán
· Las Trojas
· Encuentros de Cuje
· Poza Redonda
MICRO REGION No. 2
· Lomas de anta Rosa
· El Limón
· Los Ranchos
· El Zapote
· Sinislí
MICRO REGION No. 3
· El Carrizal
· El Carbonal
· El Naranjo
· El Paraisito
· San Francisco
· Cerro Grande de San Francisco
MICRO REGION No. 4
· San Ignacio/Rodeo
· Santo Domingo
· El Achiote
· Los Pinares
MICRO REGION No. 5
· El Pericón
· Namaslí
· Altagracia
MICRO REGION No.6
· Los Lirios
· Apaguique
· Playa Hermosa
· El Tamarindo
· Villa Austria
MICRO REGION No. 7
· Quibuto
· El Portal
· Las Vegas
MICRO REGION No. 8
· San Andrés
· La Lima
· El Bijagual
MICRO REGION No. 9
· Zona Urbana
· El Zapotillo
· Villa Quezada
· Casilí Arriba
· El Barro
Por el momento me reservo el derecho de no comentar relacionado con el asunto de la alfabetización pero voy a regresar el tema más tarde.
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Continúa
Mi madre no terminó el tercer grado de primaria y se podría decir que casi era analfabeta, hasta que ahora ya más madura, después de la muerte de mi padre se vio obligada a escribirme y a cultivar más su escritura. Todos sus siete hijos terminaron la secundaria y la mayoría de nosotros hicimos cursos superiores universitarios.
Estaba como dicen “en la flor de mi juventud” cuando el tal servicio militar me golpeó en lleno. La primera experiencia que tuve por primera ves de lo que significaba la guerra fue a mis 16 años, vivíamos en el barrio Blandón, hoy barrio Costa Rica. Nosotros habíamos visto y vivido la guerra en los periódicos (La prensa, Novedades y otros), el periódico Novedades era la mitad del tamaño de las páginas del de la Prensa, pero siempre estaba cargado de fotos de guerrilleros muertos, las fotos siempre eran grotescas y enormes del tamaño de cada página. Mi papá a veces compraba los dos periódicos y se los leía a mi madre en vos alta en la mañana antes de empezar su faena de trabajo.
Recuerdo que cuando mataron a Carlos Fonseca Amador, la fotografía estaba bien rara, parecía una composición de manera que la cabeza no le pertenecía al cuerpo; mucha gente especuló que posiblemente lo habían decapitado y que la foto era una composición de fotografías. Así de tan lejos me parecía la guerra a mí, hasta que una noche de junio oímos gritos de “¡Patria Libre!” y los mismos gritos respondían -“!o Morir!” Nosotros pensábamos que era alguna protesta…pero ¿tan de madrugada?, Los gritos se hicieron más y más fuertes. No cabía la menor duda de que algo muy importante estaba pasando. El grito del vecino Don Roberto y otros vecinos cuyas voces comenzamos a reconocer, nos urgían a que nos levantáramos: “!Los guerrilleros están aquí levántense!” Don Roberto le gritó a mi papá: “!Efraín, yo te puedo esconder a Aristides, aquí en mi casa, sino los guerrilleros se lo van a llevar!” mi familia convencida de tal situación me dicen que me suba al techo de la casa y que salte al patio del vecino. Así actué, francamente, a mis diez y seis años, era temeroso y respetuoso de mis padres; no vacilé en ningún momento en obedecer sus órdenes. Recuerdo que era refrescante estar en la casa de la que en esos días era mi “amor secreto” la hija de Don Roberto, ella nunca supo cuan enamorado estaba yo de ella… son cosas pasadas, pero que bonito son esos días de adolescencia.
Sucedió que los guerrilleros habían llegado para quedarse y así eventualmente salí del escondite.
Era como lo habíamos visto en los periódicos, los tipos andaban con uniformes camuflados y ametralladoras de diferentes calibres, algunos vecinos se habían convertido en “organizadores”, en el molino de la esquina donde las tortilleras llevaban el maíz sancochado para transformarlo en masa, lo habían convertido en un comando guerrillero, y se habían alojado los guerrilleros barbudos, viejos, eran como extraterrestres, seres humanos raros a los ojos de un chavalo como yo.
La gente inmediatamente obedeció las órdenes de los organizadores y guerrilleros: A levantar los adoquines para hacer barricadas, hacer zanjas enfrente de cada casa para refugiarnos del bombardeo que eventualmente vendría, y así fue; La Radio Corporación y la Cadena Nacional de radio anunciaron: “LOS RESIDENTES DEL BARRIO BLANDÓN, LA REYNAGA, SANTA ROSA… QUE ESTÁN BAJO EL CONTROL DE LOS SANDINO-COMUNISTAS, SE LES AVISA QUE LA GUARDIA NACIONAL ESTÁ DE SU PARTE, Y PUEDEN SALIR DE ESAS ÁREAS SIN NINGÚN MIEDO, LA FUERZA AÉREA NICARAGÜENSE COMENZARÁ A RESPONDER A LOS SANDINO-COMUNISTAS CON TODO EL FUEGO….” A las cinco de la tarde de ese mismo día, ¡olvídate!, nadie se fue. Todo mundo tenía miedo que la guardia los matara o reclutara a sus hijos y por supuesto que tampoco nosotros nos fuimos.
Puntual el avión…con un sonido peculiar de una avioneta liviana rnrnrnrrrnrnrnrnrnrrnrnrnrnrnnnnnnnnnnnn, y de repente un silencio sepulcral que te pone los pelos de punta “!LA MUERTE!”, por que eso es lo que uno piensa en esas circunstancias y después un gran estruendo, igual como cuando cae un rayo BUUUNNNMMMM!!!!!!!!!!!!! Y queda aquel rezumbido en la corteza de la tierra y en los oídos.
Enfrente de la casa vivía el joyero Don German, y por alguna razón el hijo era el único que estaba en la casa en esos días, el tipo era bien grandote pero amable, él nunca supo que de cariño le decíamos el Oso Yogi, cuando estábamos en la zanja y oíamos el avión nrnrnrnnrnrnrnn…siempre nos dábamos las manos y nos despedíamos, nos vemos “brother” y el rnrnrnrnrnrnnrnrnr del avión acercándose como una sombra de muerte, y de repente el silencio sepulcral que dilataba segundos, pero cuando se está esperando la muerte, era una eternidad y después hacé de cuenta que estás oyendo un “cuete” pero con el sonido cien veces más ruidoso y al final !!!BUUUUUNNNMMMM!!! y toda la tierra temblando. Quizá eso hubiera sido todo lo que tendría que recordar, al final de cada bombardeo quedaba la desolación y desesperanza. Mi madre y mi padre eran como fantasmas; no tenían ningún poder sobre mí, en cierta forma me sentí liberado pero nunca quise mi libertad de esta forma. Muy pocas veces había visto ha mis padres en tal desesperanza e impotencia, por que cuando uno está chavalo uno cree que los padres lo pueden salvar de la muerte misma. Mis hermanas y mi hermano mayor ya comprendían estas cosas mejor que yo, poco a poco me vine dando cuenta de esta realidad aunque sin embargo no estaba resignado a morir.
No se cuantos días pasaron, cuando unos vecinos nos dijeron que la gente se estaba refugiando en la Iglesia Santa Faz y que la guardia no iba a tocar ese lugar. Mis viejos convencidos nos hacen que alistemos unos dos “peleros” y así comenzamos la excursión en grupo, otros vecinos nos decían que nos quedáramos pero al final nos fuimos.
La Iglesia Santa Faz
La Iglesia Santa Faz estaba a cuatro cuadras y media de la casa, el Padre era un sacerdote español barba negra con cara piadosa, era lo que uno esperaba ver en un sacerdote; bien calmo el tipo y cuando hablaba con uno, parecía escudriñarte con la vista. Cuando llegamos ya había un montón de gente en la iglesia, en medio del patio había una enorme bandera de la Cruz Roja, Nosotros nos dividimos en dos grupos no recuerdo la razón, mi madre y tres de mis hermanas mayores se fueron al lado izquierdo y mi papá, mis dos hermanas menores y yo nos fuimos a la parte central de las instalaciones de la iglesia, temprano en la mañana mis hermanas y yo estuvimos jugando a las escondidas con unos niños pero cuando vino la tarde comenzó el pánico “en vivo y a todo color” se oían los tanques de la guardia desde la carretera norte ¡BangGanng!, ¡no jódas!, un tanquetazo de esos es capaz de hacer temblar las patas a cualquiera.
Después alguien tenía el radio encendido: “LA GUARDIA NACIONAL COMENZARÁ UNA CAMPAÑA DE COTRAATAQUE …” ¡Ni me digas!, no había terminado el radio cuando ya oíamos el avión acercandose, el tal “Push and Pull” el avión de dos colas. Por que habían dos aviones que yo recuerde: Uno era el “Baboso” un avión grande que parecía de pasajeros y se movía despacio y volaba a larga distancia y el otro era el de dos colas que tiraba los roquetazos. El asunto es que a esa hora brother, todo mundo se tiró al suelo yo estaba boca-arriba, estábamos tan apretados que casi estábamos uno sobre otro, la viejita que estaba acostada con su viejito y que casi teníamos las cabezas de almohada, comenzó a rezar un Padre Nuestro, en ese momento se me vino a la mente inexplicablemente algo a la memoria: Iba una vez caminando por la calle y veo un grupo de evangélicos en una esquina, era una de esas campañas evangélicas, y una anciana se subió al estrado con mucha dificultad y ayuda, y comenzó a decir de memoria el Salmo 91. Yo nunca había leído el tal Salmo pero en ese momento podía oírlo claramente como la noche que lo escuché de los labios de aquella anciana:
“El que habita al abrigo del Altísimo
Morará bajo la sombra del Omnipotente.
2 Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío;
Mi Dios, en quien confiaré.
3 El te librará del lazo del cazador,
De la peste destructora.
4 Con sus plumas te cubrirá,
Y debajo de sus alas estarás seguro;
Escudo y adarga es su verdad.
5 No temerás el terror nocturno,
Ni saeta que vuele de día,
6 Ni pestilencia que ande en oscuridad,
Ni mortandad que en medio del día destruya.
7 Caerán a tu lado mil,
Y diez mil a tu diestra;
Mas a ti no llegará…
Y cuando termina el …“Más a ti no llegará” en mí memoria, lo más pavoroso y temible sucedió: ¡Un estruendo que rompe a través del techo!, y en cuestión de un segundo estoy sentado en un lago de sangre y un montón de pedazos de seres humanos, la escena era dantesca, el olor a sangre quemada, el humo, lo gritos ahogados en la confusión, todo moviéndose en cámara lenta, todos los sentidos están tan perplejos que ciertamente la realidad y el sueño se juntan en uno solo y no se sabe si estás despierto o estás soñando. El grito de uno de los niños: ¡Salvá a la Karlita!, ¡Por favor salvá a la Karlita!”, la verdad, aquel cuerpecito inerte no tenía vida. Cinco preciosos niños murieron, todos de la misma familia de un solo roquetazo; Los niños Arbizú y los viejitos también murieron después de una tremenda agonía. Los enterraron a todos en el patio de la Santa Faz. Ahí permanecen sus cuerpos aún, las pocas veces que he regresado a visitar a mi familia a Nicaragua, también visito a la tumba de los niños. Visito las memorias y el sentimiento de culpabilidad de haber sobrevivido, claro está.
No me considero un fanático en asuntos de religión pero para aquellos que quieran saber como termina el Salmo 91 aquí está:
8 Ciertamente con tus ojos mirarás
Y verás la recompensa de los impíos.
9 Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza,
Al Altísimo por tu habitación,
10 No te sobrevendrá mal,
Ni plaga tocará tu morada.
11 Pues a sus ángeles mandará acerca de ti,
Que te guarden en todos tus caminos.
12 En las manos te llevarán,
Para que tu pie no tropiece en piedra.
13 Sobre el león y el áspid pisarás;
Hollarás al cachorro del león y al dragón.
14 Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré;
Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.
15 Me invocará, y yo le responderé;
Con él estaré yo en la angustia;
Lo libraré y le glorificaré.
16 Lo saciaré de larga vida,
Y le mostraré mi salvación.
Para mí las creencias religiosas son muy personales y muy privadas.
De Regreso a la Casa…
Los vecinos nos ven llegar de regreso con “el moco caído” a mi papá le había cortado un charnel la mitad del dedo pulgar y tenía otros hoyos en la cara muy pequeños, yo que en aquel momento de la explosión me creía muerto tenía dos heridas pequeñas, una el brazo y otra en la pierna, pero por dentro el corazón destrozado. Mis hermanas estaban bien físicamente pero todos estábamos traumatizados del terror que habíamos dejado atrás en la iglesia.
Pasaron varias semanas, seguíamos esperando que pasara algo ya sea que dejaran de bombardear o que de alguna forma se acabara esa tortura diaria, ya más adelante nos acostumbramos a correr a las zanjas cuando oíamos el avión, algunos tenían las zanjas bien acondicionadas con colchones, lámparas y todo. Cada dos familias compartía una zanja.
El Éxodo…
Los guerrilleros anuncian que se van a retirar y ahí comenzó el dilema para muchos, por que decían que si los jóvenes no nos íbamos con ellos la guardia nos iba a matar en la “Operación Limpieza”, ((LAS
OPERACIONES DE LIMPIEZA
* Roberto Sánchez Ramírez, redactor de LA PRENSA que cubría las fuentes militares en los setenta, recuerda que "El Chigüín" funda la EEBI para preparar a sus tropas élites. Los criterios para ingresar eran rigurosos: buena condición física, fortaleza de carácter, con el mejor entrenamiento y la mejor alimentación.
* "Ellos salían a las calles cuando había necesidad de matar", puntualiza Sánchez.
* De su seno surgió Pablo Emilio Salazar, conocido como "Comandante Bravo", quien dirigió las tropas de la EEBI que combatieron contra los guerrilleros en el Frente Sur. Años después, a inicios de la década de los ochenta, fue muerto por un comando sandinista en Honduras, con la ayuda de su amante.
* La EEBI se encargaba de las "operaciones limpieza" de los territorios urbanos de donde se retiraba el FSLN. La EEBI –tal como describieron los organismos de derechos humanos-- pasaba de casa en casa y mataban o hacían desaparecer a quienes presentaran cholladuras en los pantalones, codos o rodillas. De éstas se encargaba Franklin Montenegro, alias "Sagitario", quien también posteriormente fue muerto por los sandinistas.
* No existe un dato oficial sobre la cantidad de jóvenes que murieron y/o desaparecieron producto de las operaciones de limpieza. Se dice que en la guerra contra la dictadura murieron alrededor de 50,000 nicaragüenses).
En la Operación Limpieza la guardia se iba casa por casa para llevarse a los jóvenes y revisarles los codos, las rodillas y las manos para ver quiénes habían estado haciendo barricadas, y en ese tiempo hermano, quién no tenía algún cholloncito por algún lado.
Mi papá antes de casarse con mi mamá vivió con una mujer que le tuvo cuatro hijos que prácticamente siempre los consideramos como los hermanos mayores. Nosotros los conocíamos y visitábamos, mi madre nunca se opuso, pero obviamente ella nunca fue a visitarlos bajo ninguna circunstancia. Ellos vivían en el Barrio Monseñor Lezcano con su madre Doña Estebana, y mi papá nos dice que tenemos que arriesgarnos y salir del barrio antes de la Operación Limpieza, más que nada por salvarle el pellejo a mi hermano y a mí. Así que comenzamos el éxodo hacia el Barrio Monseñor Lezacano y para pedirle a la madre de los otros medios hermanos que nos dejaran refugiarnos en el patio de su casa. Cuando salimos con los motetes no hubo ningún problema, eran nubes de gente en la misma situación, los guardias se veían desmoralizados y dejaban pasar a la gente como si nada; por todo el camino habían muertos, algunos quemados probablemente por que ya tenían días de haber muerto, estaban inflamados y les habían tirado gasolina. Todo el camino fue una odisea, cada reten de la guardia era diferente, al pasar cerca del bunker de Somoza, de plano que hasta la quijada me temblaba sin control, como estaba tan desnutrido y no era muy alto, siempre me hacia pasar como si era menor que la edad que tenía.
Cuando llegamos a Monseñor Lezacano, la gente nos miraba como animales raros, no podían creer que realmente esos barrios estaban bajo el control de los guerrilleros. A veces con indiferencia decían: “Aquí todo está tranquilo” con aquel acento perezoso que tienen algunos nicaragüenses. “Doña Estebana” nos dejó construir un mamarracho de tablas viejas como de 10’ X 10’, mi madre cocinaba con cuatro piedras en el suelo, y guardaba las pocas provisiones que conseguíamos. Había mucha desesperación por todas partes, enfrente de la casa de Doña Estabana quedaba El Seminario, y mucha gente se había ido a refugiar ahí, mi mamá había preferido que nos refugiáramos ahí primeramente, pero cuando vimos los Jeeps de los guardias que llegaban a sacar a lo hombres a media noche, mi mamá se puso nerviosa y ni modo a “a morir onde la Estabana pué” así que es como terminamos ahí.
Un viaje infructuoso…
Doña Estebana le dice a mi mamá que estaban ayudando a sacar a los chavalos de Nicaragua hacia Costa Rica y que no necesitábamos papeles, mi hermano mayor tenía pasaporte, yo no tenía ni papas. Un microbús de la Cruz Roja estaba saliendo del seminario al aeropuerto, yo no se como terminamos en el tal microbús, mi mamá estaba convencida que los que doña Estebana, quería que le acompañarán a su hijo Coronado, claro que ella llegó a ésta conclusión por lo que nos sucedió en el camino; el viaje fue otra “trozadera de rieles” que no te imaginas por que los guardias andaban como hormigas bravas, uno no podía quedarlos viendo ni de reojo por que si te veían que los quedabas viendo … ¡ayayay papito!, hasta ahí llegasteis.
En la travesía el microbús dio más vueltas que un perro, por todos lados, para evitar los retenes de la guardia, ya que además la carretera principal, la Carretera Norte que va al aeropuerto estaba totalmente bloqueada, entonces el microbús tubo que irse por el “ByePass” agarrar la carretera que va para Masaya y hacer unos vueltotes por los pueblitos, pero en eso se aparece un “Becat” (Brigadas Especiales Contra Actos Terroristas), en frente del microbús. Los Becats eran los vehículos tipo Jeeps de la guardia que no tenían puertas; se sientan dos guardias atrás y dos adelante; tipo comando. “!A bajo todo mundo!” gritó uno de los guardias que andaba de pantalones militares y una camisa civil blanca, tenía una cara de piedra y una mirada vidriosa “!¿Paraonde jodido van todos ustedes?!” le ladró el guardia al chofer – “Esta gente va para el aeropuerto” le respondió el chofer bien calmado, “!bueno pues, bajándose con su pasaporte!” ladró otra vez el guardia, parado en el primer escalón del bus y mirando rápidamente al fondo del bus mientras que otros dos comenzaron a caminar alrededor del microbús asomándose por las ventanas,. Mi hermano y mi madre me vuelven a ver al mismo tiempo, en ese momento no hay palabras sólo entendimiento, a esa hora comienzo a bajar todos los santos, las canillas me comienzan a temblar, yo no sé si le pasara a todo el mundo, pero cuando estas con pánico incontrolable lo que se mueve realmente es el pellejo de la rodilla para arriba y hacia abajo. Comencé a acercarme a la salida, detrás de un montón de gente mi hermano adelante y mi madre atrás de mí, y como es la vida…el guardia en frente de mí comienza a separar a los que tenían y a los que no tenían pasaporte. Ya había a un grupito de gente a un lado y cuando guardia se distrae, mi mamá me empuja para que me baje y me fuera al grupo que ya había sido revisado en un abrir y cerrar de ojos. “! Ustedes se quedan aquí!” le dice el guardia a un grupo de tres que nos quedaron viendo con una angustia que nunca voy a poder olvidar, En eso una señora se vuela de bus, ¡no! ¡a mi hijo no! Era un grito desgarrador… de ahí no me acuerdo de nada más, vagamente recuerdo que llegamos al aeropuerto y Coronado fue el único que se fue a Costa Rica, “llevaba un puño de dólares escondido” dice mi mamá, por más que he tratado de recordar que pasó, nada, mi mamá me dijo que lo que pasó es que ella le suplicó a unos extranjeros que me dieran un raid a Monseñor Lezcano, ¿Cómo llegué? No tengo la menor idea, cuando llegué de regreso don la doña Estebana era media noche y todo mundo preocupado que hubiera matado la guardia.
Mi hermana Rosa apenas estaba en sus dieciocho y antes de que comenzara la guerra en la ciudad, ella ya se había ido con un su novio, se había casado sin permiso de mis padres, ¡Que audacia!, Conociendo lo temible y peligroso que podía ser mi padre. El viejo era capaz de asustarle los frijoles a cualquier enamorado. Una ves que le llegó hacer la visita el novio a la Rosa, El viejo no dijo nada, pero se fue a esperarlo a la esquina con un machete bien afilado para amenazarlo que le iba a “cortar la gallina”. Mi mamá le decía “Efraín deja a las muchachas en paz, ¿qué es lo queré, que se anden viendo en la calle como si fueran putas?” el viejo vociferaba alguna cosa incomprensible y ahí moría el asunto.
Cuando estábamos todavía donde la doña Estebana se aparece la Rosa con el marido, la situación no ameritaba andar celando a nadie, era cuestión de sobrevivir por eso el viejo se había suavizado y bueno al final le aceptó al hombre. El Róger tenía unos familiares en un pueblito al norte de Managua, le propuso a mis padres que me mandaran para allá hasta que la situación en Managua se compusiera. Mis viejos aceptaron y a todo mundo les pareció una buena idea.
La Vida del Campo
Llegamos al pueblito de Tecolostote que queda en el departamento de Boaco y que según dicen significa “cueva de las lechuzas”, sin ninguna novedad pasamos por los retenes de la guardia, yo me había acostumbrado a que me vieran como un chavalo flaco de mala muerte. Conmigo vinieron los cuñados de la Rosa, y otros primos de ellos, en total éramos cinco chavalos aproximadamente de la misma edad. ¡Que belleza!, llagamos a esa casa que quedaba sólo a cien metros del puente principal del pueblito, las montañas verdes al otro lado de la carretera, el aire fresco con olor a monte mojado. Las casitas del pueblito alineadas en la carretera decoraban pintorescamente el paisaje, el sonido de los pájaros y los monos Congos se oían a la distancia y hacían tremendos ruidos - ¿Y ese ruido que es? Le pregunto al señor de la casa, y él me responde en forma casual –“Ah esos son los monos Congos” Congos o no, emitían unos sonidos que me paraban los pelos de punta. A veces en Managua la gente tiene monos como mascotas, éstos se escapan de las casas en la noche o será que los sueltan, yo creo que la gente hace esto para que vayan a asustar a la gente a media noche por puras ganas de joder yo creo. A veces estas bien dormido acostado, y como los techos son de zinc, hasta una un gato hace bulla, pero cuando estás bien dormido y oís: ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán!, primero acercándose, después pasando por el techo de tu casa y después alejándose, ¡puta! Te digo que de plano te da un miedo aterrador a media noche, el techo de zinc se hunde y el ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! ¡branbán! es aterrador especialmente si ya esta dormido, por eso es que creo que la gente lo hace a propósito.
Los señores de la casa eran dos personas fantásticas. Tenían una casa muy humilde, piso de barro, paredes de abobe, eran los dueños de la única panadería; empleaban a dos trabajadoras, eran dos inditas muy simpáticas, ellas cuando nos miraron, se pusieron contentas por que les íbamos a ayudar hacer el pan.
La gente del campo se levanta a las cuatro de la mañana, a trabajar la masa, ésta se prepara el día anterior, se pone a través de los rodos, ¡Que rico el olor a pan! El orno se comienza a preparar al mismo tiempo. Nos despertaban a las cuatro de la mañana con aquel olor a café mmmm, y con pan dulce del día anterior, cada quien ya tenía su trabajo asignado. La verdad que mi memoria divaga en los detalles de aquel quehacer. Como pandero me hubiera muerto de hambre, lo que sí recuerdo con claridad era la compasión de aquellos desconocidos, algunas picarescas e inocentes aventuras, el hermoso paisaje y la sencillez de la gente del campo.
Uno de los cuñados de la Rosa que le habíamos apodado “el loco” le rebautizamos con “Mono Congo”, el mono agarra una bicicleta vieja sin neumáticos que tenían en la casa y el jodido se va a una loma cerca de la casa y nos pega un grito con una gran sonrisa de oreja a oreja, el loco era bien jovial, yo francamente admiraba su aptitud de “yo que pierdo” que tenía de la vida: “¡Jey, aquí viene cañón, weeeeeeeeeeeeeeee…!” y lo vemos al bruto venirse de bajada y de repente se descachinba de la bicicleta y era como ver muñeco de trapo rodando aparatosamente cuesta abajo, ¡bun-bum!, ¡bun-bum!... “¡A la granpuuuta… ahora si la cagamos!”, nos dijimos nosotros, este hijuepueta ya se mató!, pero tenés que tener presente que el loco era loco, si uno conoce gente como el loco, la vida se vuelve divertida, incluso en casos de vida o muerte. Este brother era uno de esos cheles amarillos, cabezón, y con una guayaba enorme, el pelo rubio y parado como un genio loco, este jodido tenía lo loco y lo genio, hacía reír a cualquiera. No se mató, pero se pegó una chollada, que parecía una gallina si plumas, se levantó del suelo como si nada, pero ensangrentado por todos lados. “!Esta bicicleta hijueputa no sirve!” nos dice el loco, como quien hace un comentario despreocupado y nosotros pasmados que no sabíamos si reír o llorar, se le viene a uno a la mente que el país está en guerra y al bruto se le ocurre hacer semejante payasada. Todos estábamos preocupados por las heridas, pues el futuro era incierto para nosotros; yo me acuerdo que estábamos preocupados por que nadie sabia si la guardia se iba aparecer de repente y podía pensar que éramos guerrilleros. No se sabía que iba a pasar con el país o sea en que manos iba a quedar. Nadie, pero absolutamente nadie se puede imaginar que un régimen que ha existido por cuarenta y pico de años pudiera dejar de existir.
No teníamos ninguna comunicación con nuestras familias, hasta que un día, después de varias se aparece la Rosa con su marido. Llegaron a traerme, los otros se quedaron, el loco tenía que quedarse para que se le curaran la heridas, dos se enamoraron de las trabajadoras y el otro se enamoró del campo y rehusó a regresar a la ciudad; siento quizá que fui un cobarde pues hubiera deseado quedarme también. Sin embargo, mi madre estaba preocupada por que no me había visto.
El Triunfo de los Sandinistas
Cuando regresé a la casa, al barrio Blandón, los guerrilleros se habían retirado a la Ciudad de Masaya, a esto le llamaron “El Repliegue”. Aquella casa estaba desolada, lóbrega, mis padres aún parecían fantasmas, cuando me hablaban realmente no me miraban a los ojos, sus voces parecían venir desde el fondo de un barril, la armadura se les había desaparecido. A pesar que ya casi tenía diecisiete años les guardaba mucho respeto. Mi padre era un hombre fornido, rudo, mal encarado, vulgar; fuerte, era como un oso enorme, el hombre era inteligente, creativo, orgulloso... Yo sin embargo admiraba al viejo por su vida, al hombre lo abandonó su madre en un barril de basura por “cagón”, esa fue la única explicación que me dio y para una mujer miserable que no tenía como alimentarlo ni curarlo me supongo que fue más fácil darlo por muerto que verlo morir. Estas historias me las contaba el viejo cuando andaba en guerra, nunca se quejó de su madre a pasar que ya más grande regresó con ella, el viejo me contó que había trabajado en las minas de carbón cuando tenía trece años “Yo me quería hacerme hombre, rápido” y la verdad es que en circunstancias difíciles de la vida uno se hace “hombre” “rápidamente “quería ayudarle a mi madre”. Mi madre sin embargo era una mujer intensa e interesante, cariñosa pero también muy capaz de arrecharse, y cuando se arrechava esa señora ¡hay Diosmiyito mi lindo!, nos pegaba unas penquiadas que para qué te cuento hermano. Ella era la mano derecha del viejo, y ya te imaginás; sino era el uno era el otro, entre “el Dictador y la Guardia” estás frito papá.
Las cosas en el barrio estaban más calmas, la comida escasa escuchábamos la radio todos los días, oíamos la Radio Sandino que era la radio clandestina de los guerrilleros (http://www.clandestineradio.com/sounds/index.html#nicaragua). El 17 de julio de 1979, oímos que Somoza había abandonado el país, la alegría era inmensa e incontrolable, imposible de olvidar, fue una brisa de esperanza en medio de tanta miseria y desesperación… los niños, los muertos, las bombas, las zanjas, el hambre, los viejos, las imágenes de terror, el dolor de estar vivo se nos alivió por un momento, la electricidad había regresado y la televisión estaba encendida y todos pegados al televisor, y oímos que “Urcuyo Maleaños era el próximo residente de Nicaragua” , ya te imaginas, todo mundo se pone a reír, pero a carcajadas. (Aquí podes encontrar algunos pasajes históricos de Urcuyo: http://www.manfut.org/cronologia/urcuyo.html ) Más tarde a este día los Sandinistas le llamaron el Día de al Alegría Nacional.
El 19 de julio.
El 19 de julio como te podés imaginar fue un acontecimiento histórico no sólo para los nicaragüenses pero para el mundo entero. La sonrisa en las caras de la gente, la incredulidad y la euforia nos transportaba fuera de este planeta. Por la mente se me presentaban las imágenes de los niños masacrados, lo muertos quemados en la calles, la pólvora y el olor a muerte.
El vecino, don Roberto, viene a mi casa y nos pregunta que si queremos salir a ver que estaba pasando en las calles, él tenía un su carrito Toyota, ¡bueno!, nos metemos al carro y salimos con las cabezas guindadas afuera del carro y gritando ¡Somos libres!, ¡Somos libres!, la gente se desbordaba con las pailas y los cucharones a hacer bulla, agitando los brazos en símbolo de triunfo, las caravanas de gente caminando, gritando festejando, cantando, bailando.
Llagamos al fin cerca del bunker de Somoza y las residencias aledañas que eran de los altos jefes militares de Somoza. Todo el lugar lo estaba saqueado por la multitud, Don Roberto detiene el vehículo y nos dice que nos fuéramos a asomar. Nos vamos dos de mis hermanas, su hija, don Roberto y yo. Entré a una de las casas, la gente entraba y salía cargados de muebles y, ¿qué se yo?, recuerdo haber visto en el piso una gran cantidad de dinero extranjero que no me atreví a recoger, y que más tarde cuando le platiqué de esto a mi hermano Santiago, el jodido se burló de mí, era su chiste favorito. “Ya me lo imagino al mono, parado en un cerro de dólares y con la jeta abierta” ¡JA, JA, JA, JA,,JA, JAA! Y se tiraba unas carcajadas de guasón y así todo el resto de la gente se ponía a burlarse de mí, por el jodido.
En ese momento me quedé pasmado, me parecía un sueño, a pesar de nuestra pobreza, nuestros padres nunca nos enseñaron a tomar lo ajeno. En el momento que estoy divagando en qué hacer, miro al don Roberto Sacando una refrigeradora de la casa ¡Ala Puta!, ¡no lo podía creer!, me mira que estoy parado y me grita: “¡Qué estás esperando! ¡hacéte de algo que esto es del pueblo!”, A mis diez y seis años era muy tímido, pero para demostrar mi audacia me voy a un librero que estaba en la pared y agarro toda una colección de enciclopedias y un atlas, si algo iba a llevarme de aquel lugar era algo que me pudiera servir en mis estudios. Regresamos a la casa, el don Roberto con la refrigeradora encima del carro que pesaba tanto que la tolda se le chopeó para dentro “La cagué, ya me salió más caro el caldo que los huevos” dice don Roberto cuando mira el carro todo chopeado hundiéndose para dentro. Llegamos a salvo a la casa y le contamos de todas las aventuras a la gente del barrio.
Mis hermanas, mi hermano y yo nos fuimos a la plaza donde los guerrilleros estaban llamando al pueblo a congregarse, esta plaza está frente de la antigua Catedral de Managua, más tarde la nombraron la Plaza de la Revolución.
Los guerrilleros estaban entrando por todos lados en camiones, camionetas y vehículos de toda clase disparando al aire, era toda una quimera hecha realidad. Mi hermano y yo nos subimos a una de las torres más altas de la catedral y a lo lejos cerca de lago de Managua, divisamos un grupo de gente, “¿Y esa gente que lo que estarán buscando?” se pregunto mi hermano, “A saber, vamos asomarnos” le digo yo a mi hermano. Cuando estábamos acerca de aquel lugar que estaba detrás del Teatro Rubén Darío, comenzamos a sentir un tufo horrible, la gente que salía del monte, salían asustados y tapándose la nariz, llorando, una señora sale desmayada, ¡Ay Dios mío que está pasando!, Cuando finalmente llegamos vemos un cerro de cadáveres apilados, otros en completo estado de descomposición. Aquellos que vivimos los años de Somoza sabíamos que detrás del Rubén Darío era un lugar prohibido de visitar, entonces en ese momento me doy cuanta por qué. Ese espectáculo espeluznante, me dejó una huella imborrable en la memoria. Parece que cuando el cuerpo esta expuesto al sol por mucho tiempo, éste se seca y quedan solo los huesos y la piel como una momia. Detrás del Rubén Darío era uno de los lugares favoritos donde la guardia desaparecía a la gente. Ahí podías ver los cuerpos de hombres y mujeres con obvios signos de violación y tortura...
La euforia del 19 de Julio vino a como llegó, lentamente las cosas comenzaron a volver a una nueva normalidad, la retórica de los políticos nuevos era tan eufórica que hizo a unos escépticos, a otros más radicales y a muchos completamente en contra del nuevo gobierno.
La Alfabetización
¡Puño en alto, Libro abierto!
Lo que llamaron la Campaña Nacional de Alfabetización, comenzó inmediatamente después del triunfo Sandinista. La lógica de esto fue supuestamente, porque Cuba había llevado a cabo su campaña de alfabetización años después de su triunfo y lo que pasó fue que muchos alfabetizadotes fueron asesinados por los grupos armados en contra del gobierno cubano. Los Sandinistas, no perdieron tiempo, al año siguiente comenzó la Campaña de Alfabetización.
Estaba casi en el último año de Secundaria, me consideraba una persona muy seria y responsable, quizá por ese motivo me asignaron para que reclutara y entrenara a un grupo de estudiantes. (Les pido perdón a todos los que torturé con aquellos ejercicios). Este es un sitio oficial de la Cruzada de Alfabetización: http://www.sandinovive.org/cna/
A mi parecer este evento marcó nuestras vidas en muchas formas, positiva y negativamente. Este fue un punto de crecimiento y madurez, ya que teníamos que vivir con los campesinos. Ahí andábamos un pijazo de adolescentes de la ciudad, no voy a decir que éramos unos santos, pero entre los aspectos positivos de ese evento yo diría que el hecho de saber como se ganan los frijoles en el campo, ¡te cambia la vida compadre!. Además, la humildad de la gente del campo, y las gloriosas montañas del norte de Nicaragua son experiencias inigualables. Cuando vas por esos caminitos y te encontrás con un campesino que te saluda con respeto y reverencia, no sabés lo humide que te hace sentir, Especialmente cuando estás chavalo vos romanizas tu país. Yo crecí adorando la música tradicional nicaragüense, mi papá se levantaba a las cuatro de la mañana a trabajar y ponía a todo volumen la radio corporación, nos despertaba con “…y entre la sombras del cafetal, viene Pancho Madrigal”, todos esos cuentos los recordás, te invade la nostalgia… Puta decís vos, parece mentira…
No sé si será todo mundo, pero la gente que vive en las meras montañas tiene la actitud humilde, vos llegas bien cansado y sudado de caminar, y lo primero que te ofrecen es un café caliente, por que de plano es todo lo que tienen. Yo diría a ciencia cierta que las vivencias de la alfabetización formaron gran parte de mi carácter.
Para llegar a ser responsable de columna (aproximadamente 80 estudiantes) uno tenía que reclutar a los estudiantes de otras escuelas. Yo estudiaba en el Instituto Loyola, la mayoría de los que estudiaban ahí provenían de familias pudientes, sin embargo, la escuela tenía una política de otorgar becas a las familias de escasos recursos. Nosotros vivíamos “coyol quebrado coyol comido”, mis padres eran innovadores, siempre estaban rebuscando como ganarse los frijolitos. Mi padre había construido un torno rústico y con el susodicho torno, el viejo hacia bates de béisbol, trompos y hasta sillas.
Mi madre y el resto de nosotros hacíamos la manoplas de casi cuero, además, gorras de béisbol y sombreros. En el barrio nos encajaron los gorreros, porque la gente tiene la maña de ponerte el apodo por lo que haces: si haces tortilla, sos tortillero si vendes en el mercado sos mercadero, y así es la honda.
Yo cursé mi primer año de primaria en la escuela Salvadorita que quedaba en el barrio La Reynaga, sin embargo mis padres tenían el empeño de que estudiara en el Loyola por que decían que era una escuela prestigiosa y supuestamente se recibía una buena educación (además de las vergueadas que te daba el Director, el Padre Iriarte Garmendia).
Llego con mi papá y mi mamá al Loyola muy de mañana un día que estaban ma aquellos que pasaran una prueba de lectura. Yo ya sabía leer, mi viejo se dio a la tarea de enseñarme a leer desde que tenía como cuatro años a “punta de pijazos”- “b-u bu err orro, caballo” y ¡clack! venía el coscorronazo seco, “No jodido burro, el caballo sos vos”…puta las que le aguanté al viejo. El asunto es que cuando me ponen a leer, agarré esos libritos como agua, de manera que el subdirector del Loyola, que en ese entonces era un calvo, se quedó sorprendido e inmediatamente me bautizó como “el cabezón” y así fue como me aceptaron en el Loyola en el primer grado.
La vida de estudiante en el Loyola también fue una experiencia interesante, tenés que ponerle mente: “los chavalos hijos de mercaderos codeándose con la clase media alta de la sociedad nicaragüense”. En ese entonces, el Loyola contaba entre las escuelas de los “pocos escogidos”, y eso te lo recordaban todos los días que ibas a clase, con la amenaza que te iban a expulsar. Yo y los que éramos de extracción pobre, teníamos la ventaja de nuestra pobreza, para nosotros era un orgullo y para ser justo con los demás compañeros debo dejar claro que en el salón de clases, con la excepción de los pantalones de corduroy y la ropa extranjera que no te podes poner…todos éramos iguales. El Loyola hasta en 1972 era escuela sólo de varones, después del terremoto el padre Iriarte aflojó un poco las riendas y así dejó entrar a las chavalas…
http://www.loyola.edu.ni/historia.html)\
“La torta y la Pepsi”
El Padre Iriarte era un sacerdote jesuita, calvo de seis pies, de origen español, chele, ojos azules, nariz aguileña. Se tenía un carácter ese roco, en esos días se permitía el castigo físico en las escuelas. Así que si el Padre Iriarte, se despertaba en el lado izquierdo de la cama brother, mejor ni respirés fuerte cerca del viejo. Este viejo nos pegaba unas turquiadas, “pero ayudáme a decir turquiadas”. Te agarraba de cacheteadas y patadas en frente de tus propios padres, ¡en frente de quien fuera! El viejo le decía “la Torta y la Pepsi”.
Supuestamente me tenía aprecio por que era “el cabezón” que declamaba poesías en las veladas, sin embargo, agarré mi torta con mi Pepsi varias veces, a veces por puro gusto nos vergiaba el viejo. Los domingos teníamos que ir a Misa vestidos de blanco (pantalón y camisa), y si estabas negrito parecías que te había cagado un zopilote. Una vez que estamos en misa, estoy sentado con uno de mis brotheres, el Róger Cáseres, y al maje del Róger le gustaba volar lengua al maje. El Padre Iriarte se está tirando su sermón y nos mira al Cásesres y a mí volando legua. El roco se espera hasta que comienza el “tu reinarás.. éste es el cristo amor por siempre…” y lo vemos bajadándose del púlpito haciendose paso entre la gente…!y es como que estés esperando la pena de muerte!, en un minuto el roco está parado a la par de nosotros; agarra al cabezón del Aristides y al Róger, cabeza con cabeza como “traca-tarca” ban, ban, ban tres veces, y se regresa cantando ..”Éste es el Cristo amor por siempre reinará…” No fue tanto el encontronazo, pero lo que te duele más es la vergüenza pública, en eso se especializaba el tal viejo Padre Iriarte.
Cuando comenzó la Cruzada de Alfabetización, me di a la tarea de visitar las escuelas, incluso hasta escuelas de primaria ya por último. Del Loyola salió su grupito de más de 100 yo creo. Yo había reclutado a por lo menos 120 estudiantes de otras escuelas, así que con ese aval los organizadores de la cruzada me dieron mi lugar.
Llegamos a Telpaneca, un pueblito cerca de Somoto, yo había oído de Telpaneca por las canciones de Mejía Godoy, pero nada más. Pero la gente las casas de adobe, la humildad del pueblo. Nos estaban esperando, todo el pueblo de Telpaneca estaba esperando a los alfabetizadotes, uno de los asesores era un mejicano. Inmediatamente asignaron a los brigadistas con sus respectivas familias campesinas, había unas madres que habían ido con el contingente para asegurarse exactamente a dónde iban a vivir sus hijos, las que se quedaron durmiendo el la iglesia de Telpaneca esa noche para regresar a Managua al día siguiente. Yo y es resto que nos asignaron la tarea de “responsables de columna” (Leonel Marenco, “el mono Marenco”, Bill Leon Duerte “El chino Duarte”, Ronald “condorito” y Marlón Ruiz “la flaca” nos quedamos en el pueblo en un “puestito de mando” a esperar las instrucciones del mejicano y Róger Solís que era el responsable de Telpaneca.
III. ORGANIZACIÓN TERRITORIAL DEL MUNICIPIO
El municipio de TELPANECA anteriormente estaba estructurado en seis micro regiones; pero por las características propias del municipio en el aspecto topográfico, el Consejo Municipal tomó la decisión de reagrupar las comunidades (37) en nueve micro regiones, las que quedaron conformadas de la siguiente manera:
MICRO REGION No. 1
· Cerro Grande de Amucayán
· San José de Amucayán
· Las Trojas
· Encuentros de Cuje
· Poza Redonda
MICRO REGION No. 2
· Lomas de anta Rosa
· El Limón
· Los Ranchos
· El Zapote
· Sinislí
MICRO REGION No. 3
· El Carrizal
· El Carbonal
· El Naranjo
· El Paraisito
· San Francisco
· Cerro Grande de San Francisco
MICRO REGION No. 4
· San Ignacio/Rodeo
· Santo Domingo
· El Achiote
· Los Pinares
MICRO REGION No. 5
· El Pericón
· Namaslí
· Altagracia
MICRO REGION No.6
· Los Lirios
· Apaguique
· Playa Hermosa
· El Tamarindo
· Villa Austria
MICRO REGION No. 7
· Quibuto
· El Portal
· Las Vegas
MICRO REGION No. 8
· San Andrés
· La Lima
· El Bijagual
MICRO REGION No. 9
· Zona Urbana
· El Zapotillo
· Villa Quezada
· Casilí Arriba
· El Barro
Por el momento me reservo el derecho de no comentar relacionado con el asunto de la alfabetización pero voy a regresar el tema más tarde.
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Continúa


